trece mil
novecientos
quince
atardeceres
cobijados
en
mis brazos
escondidos
en mi vientre
refugiados
en
mi piel.
trece
mil
novecientos
catorce
amaneceres
acurrucados
en
mis manos
descansados
en mi cuello
arraigados
en
mis pies.
y anclados,
todos ellos,
en mi ser.